ARIADNA
SILVA




Cartografía do esquecemento

¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Empecé a interesarme por la fotografía en la adolescencia. Siempre tuve inquietudes artísticas, sobre todo referidas a las artes visuales. Sentía mucha curiosidad por la fotografía porque me parecía enigmática. Me inicié con la fotografía digital, consumía mucho contenido a través de plataformas como Flickr o DevianArt. Ahora me parece muy inocente esto, pero me pasaba horas viendo fotos en ambos lugares, y cuando encontraba una que me atrapaba, me surgían muchas preguntas y al mismo tiempo sentía fascinación, lo que se traducía en una motivación por reproducir lo que había visto. Sin embargo, un momento clave en este proceso fue cuando descubrí el fotolibro y las posibilidades que ofrecía para contar historias de múltiples maneras, siempre me ha parecido un formato muy versátil. Así fui aprendiendo, poco a poco, empecé siendo autodidacta y posteriormente estudié para especializarme en fotografía y cine.

Me doy cuenta de que la fotografía de paisaje siempre fue la que más me interesó. Quizás en la fotografía, y en concreto la de paisaje, encontré un refugio acorde con mi personalidad introvertida. Actualmente la fotografía no sólo la utilizo como expresión artística, sino como medio de investigación que entra en diálogo con otras disciplinas.




¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

En mis proyectos me gusta utilizar diferentes disciplinas para ampliar significantes y significados, como adelantaba previamente. Lo que quiero es sugerir y no evidenciar. Es cierto que lo que más me interesa es la fotografía documental y el cine experimental, pero también trabajo con la instalación y con el diseño editorial, es decir, con el fotolibro. Este soporte me permite aunar todo lo anterior, y por eso me parece tan atractivo y versátil, como ya mencioné.

El paisaje natural es fundamental en mi obra por cuestiones relacionadas con el estudio del origen, es decir, de un reconocimiento de mí misma sobre lo que me rodea, y que no significa necesariamente que me identifique con ello. El paisaje o el medio natural me invita, por tanto, a la reflexión y a la detención. Esto es precisamente lo que me motiva para iniciar un proyecto. Quizás en esto haya influido el hecho de haber vivido durante tres años en Madrid, me di cuenta de que echaba de menos el entorno en el que había crecido por diferentes motivos, entre ellos, los de carácter cultural. La distancia fue fundamental para pensar sobre ello, y al mismo tiempo, catalizadora en el proyecto Cartografía do esquecemento . Durante este tiempo fui consciente de que debía trabajar sobre lo local, sobre terrenos conocidos e investigar profundamente sobre ello. Es casi un deber moral y lo asumo con muchísimo respeto.

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Mis influencias son principalmente fotográficas, pero también me nutro mucho del cine, de la poesía e incluso de la música. En cuanto a la fotografía, uno de mis máximos referentes es Virxilio Viéitez. Aunque no fotografíe expresamente el paisaje natural, siempre resulta un elemento fundamental en sus retratos. El medio natural es discursivo porque no sólo es parte de la identidad de la persona retratada, sino también la de él mismo. Esa capacidad de relacionar ser y entorno de una manera tan honesta y elocuente me fascina e incluso me emociona.

Me identifico también con la manera de fotografiar el paisaje que posee Awoiska Van der Molen, adquiere un carácter contemplativo y de solemnidad ante la naturaleza, de una manera muy similar a la metodología que sigue Jon Cazenave. La noción del bosque o de la naturaleza como un lugar sagrado y oscuro está muy presente en sus obras, y también en la mía. Supongo que es una aproximación romántica sobre este tema, y quizás por eso me influya tanto la poesía de Rosalía de Castro. Otros fotógrafos a los que acudo con frecuencia son Bryan Schutmaat, Robert Adams o Barbara Bosworth. Todos ellos se aproximan al paisaje de una manera reflexiva, lírica y pausada.

En cuanto a mis influencias cinematográficas, me interesan obras de no-ficción o que tengan una estética documental muy marcada. La corriente del Novo Cinema Galego es un buen ejemplo de ello, con autores como Oliver Laxe, Eloy Enciso, Diana Toucedo o Xacio Baño. Todos ellos se nutren del paisaje (normalmente, el paisaje gallego) como protagonista o como elemento contextual. Otra autora que no quiero pasar por alto es la cineasta y fotógrafa Agnès Varda, por su sensibilidad y por la importancia de la subjetividad en su obra.

Tu proyecto Cartografía do esquecemento recoge, de manera personal, una preocupación sobre la desaparición del bosque autóctono gallego y los efectos culturales vinculados a esta pérdida. ¿Qué más nos puedes contar acerca de esta idea y cómo surgió la iniciativa para realizar este trabajo? ¿crees que es posible un cambio en la política forestal y en el respeto al entorno para revertir la situación?

La idea del proyecto surgió tras la oleada de incendios de octubre de 2017, un año que destacó por ser más seco de lo habitual. Los incendios son muy frecuentes en Galicia, pero en los últimos años se han originado fuera de la época estival como un efecto directo del cambio climático, entre otras causas. Esa oleada de incendios fue especialmente virulenta y con consecuencias catastróficas. Por eso, Cartografía do esquecemento se originó como una necesidad personal por exponer un asunto que me preocupa, fue una respuesta inmediata y visceral a lo ocurrido, en gran parte por haber vivido los hechos desde la distancia. Se convirtió en una obsesión.

Cuando me propuse tratar el tema de la industria del eucalipto y de su relación con los incendios realicé un trabajo de documentación muy exhaustivo durante meses, y eso me llegó a abrumar porque sentía que estaba perdiendo el control. Encontré datos demasiado científicos, por lo que en un inicio lo estaba planteando de una manera mucho más expositiva y divulgativa, pero me di cuenta de que no era lo que me interesaba (aunque reconozco que sin esa investigación no habría sido capaz de defender el proyecto con rigor). Quería hacer un trabajo más reflexivo e íntimo, donde la subjetividad fuese protagonista pero sin rechazar la metodología documental. En ese momento lo relacioné con la autobiografía y con mi historia familiar como hilo conductor, en concreto, con la compra-venta de madera de eucalipto que solía realizar mi abuelo materno. Encontré una gran cantidad de archivo, no solo fotográfico, sino de todo tipo de documentos que precisamente utilizo como elemento complementario a las fotografías. El comercio del eucalipto es una práctica convencional y muy extendida, por lo que hablo de una cuestión general desde una experiencia particular.

Sin embargo, culpabilizar el fenómeno incendiario a la mera presencia del eucalipto sería un error. Existen otros factores que favorecen esta situación: de manera común, el calentamiento global, y en concreto, el envejecimiento de la población, la falta de ordenación territorial eficiente y ecológica, la privatización de los medios de extinción, la falta de una política de prevención en lugar de extinción y el abandono del monte. La industria del eucalipto es muy rentable a corto plazo, pero es necesario prestar atención a los problemas que puede causar pocos años más tarde por su carácter invasor, y para ello es necesaria la educación ambiental. El eucalipto es una especie originaria de Australia que fue introducida a finales del siglo XIX como ornamentación, pero durante el franquismo se empezó a emplear para la fabricación de pasta de celulosa por su rápido crecimiento y rentabilidad. Su interés económico radica en una propiedad forestal fragmentada y desaprovechada. Por ello, la presencia del eucalipto comenzó a crecer a medida que la industria de la celulosa se iba consolidando. Actualmente Galicia cuenta con 300.000 hectáreas puras de eucalipto.

Insisto en que el eucalipto no es el causante del fuego, pero sí es agravante porque es muy inflamable y por su alta reproducción pocos meses después del incendio. Por eso, el resultado es un proceso cíclico que empeora exponencialmente. Esto no solo supone un problema para el medio ambiente y para la biodiversidad, también es una pérdida irreparable de un símbolo cultural e identitario como es el bosque autóctono. Si bien es cierto que cada vez hay más conciencia social por el cuidado de la naturaleza y medio ambiente, el verdadero cambio pasa por una voluntad política que actualmente es inexistente.

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

Tengo muchos frentes abiertos y creo que debo aprender a decir que no a muchas cosas. Ahora mismo estoy en un momento de tránsito entre la fotografía y el audiovisual. Este año me he dedicado más a la producción cinematográfica que a la fotográfica, y eso está bien porque me ha permitido tomarme un respiro y depurar ideas, e incluso retroalimentarlas. Mi aspiración es buscar y crear espacios de diálogo entre el cine y la fotografía, sé que cada disciplina tiene sus particularidades, pero comparten lenguajes muy similares a los que creo que las personas creadoras en estos ámbitos deben atender. No sé hacia dónde derivará esta propuesta, si a un plano más investigador o de comisariado, o quizás las dos de manera simultánea. Son ideas que me rondan cada vez con más frecuencia.

Lo cierto es que la parte fotográfica de Cartografía do esquecemento aún no está cerrada, el audiovisual que hice como parte del proyecto conjunto sí está finalizado. De hecho, se ha estrenado en el Festival de Cans, un festival audiovisual de referencia en Galicia, y tendrá recorrido en más festivales audiovisuales. En cuanto a las fotografías, quiero realizar alguna más para completar una edición adecuada de cara a la publicación de lo que será el fotolibro en los próximos meses. Me lo estoy tomando con cierta calma, quiero madurar mucho las ideas y ser muy precavida con las decisiones que voy tomando, aunque estoy rodeada de personas en las que confío plenamente así que estoy segura de que el resultado será muy bueno.

Como proyectos futuros tengo claro que quiero seguir trabajando con temáticas relacionadas con el medio natural y la “posnaturaleza”, es decir, aquella que ha sufrido interacciones y cambios como resultado de la acción humana. Quizás me interesa ser testigo de esa evolución inevitable que camina hacia la destrucción. Me gustaría trabajar sobre algo relacionado con el mar, pero aún no he encontrado una historia interesante. Para mí, una de las cosas más importantes es disfrutar del proceso, tiendo a agobiarme mucho por mi autoexigencia y por unas expectativas que a veces no soy capaz de cumplir. Es posible que el día menos esperado encuentre de manera fortuita lo que será mi próximo proyecto… Así que todo llegará.

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