MARÍA JOSÉ
GLENDER




¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

Lo primero que me llamó fueron los colores y cómo la repetición de formas genera nuevos paisajes que para mí son estructuras alternas, parte de la materia misma. Luego en la carrera de cine pasé necesariamente por la exploración de la luz y me di cuenta que es muy difícil (al menos para mí) reproducir la magia que generan las condiciones de luz natural. Al hacer mi documental re descubrí una tendencia muy marcada a enfocarme sobre los detalles y las texturas de la materia. Cuando me regalaron el lente macro, mi ojo que naturalmente reparaba constantemente en el mundo milimétrico encontró su herramienta y todo despegó, fue entonces que se empezó a generar el archivo que forma este proyecto que para mí es un proyecto de vida.




¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

Mi mente es muy fantasiosa, muestra una clara y constante inclinación por lo onírico y lo surrealista más que por los elementos de la realidad tangible. En ese sentido tengo que reconocer que en mi búsqueda fotográfica, a pesar de que parte directamente de la naturaleza y la materia, está buscando espacios que puedan ser completados por el imaginario y por sensaciones íntimas del mundo interior. Cuando me puse a reflexionar con más profundidad acerca de mi vínculo con estas imágenes a finales del 2017, me di cuenta que juegan un papel de refugio para mí, conforman un lugar que me permite ausentarme del mundo “real” que ha menudo me resulta un mundo en extremo duro y doloroso. Me impacta el contraste que existe entre la realidad residente en la psique o consciencia humana y la realidad que se desenvuelve en el campo de la naturaleza. Mi trabajo fotográfico es en ese sentido un puente de acceso a una penetración profunda de la naturaleza y un cuerpo de imágenes ante el cual el mundo mental puede quedar extraído y reposar o si no es muy ambicioso incluso anularse por un tiempo o unirse por completo con el objeto. Toda la naturaleza genera algún tipo de meditación, lo que a mí me genera fascinación de mi trabajo en particular es poder experimentar su mundo (el de la naturaleza) desde adentro. Este trabajo me permite internarme en la formas, los colores y el tiempo particular de la naturaleza, me permite trasladarme de mundo y es por eso que satisface una necesidad metafísica. Creo que mi trabajo desantropomorfiza a la naturaleza y permite experimentarla desde su propia perspectiva, si es que eso existe. :) Yo encuentro paisajes enteros en los mundos diminutos y tienen exactamente el mismo efecto que tanto amamos de un paisaje angular, a veces hasta la luz se configura como un elemento estelar.

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Fue a partir de que conocí el trabajo de Alex Dorfsman que yo pude empezar a enmarcar el mío, a entenderlo como una mirada y una tendencia visual que implica una manera particular de relacionarme con el mundo.
La primera vez que vi un libro de Ernst Haeckel también fue un momento muy importante, de ahí todos los catálogos de botánica e ilustración científica son la feria para mí. Veo muchísima ilustración la verdad, trabajo como el de Katie Scott me encanta. De vuelta al ámbito fotográfico, cuando vi una imagen de Albert G. Richards en un número de National Geographic también fue un momento muy especial, se abrió en mí la necesidad de penetrar en los tejidos de la naturaleza y desde entonces quiero conseguir una caja de luz, no es lo mismo que una radiografía, pero se pueden observar cosas muy interesantes.

El trabajo de Mélody Seiwert con las plantas también me intriga mucho, está claro que pasa mucho tiempo preparando sus materiales. Yo también paso tiempo con algunas cosas que me encuentro, además del tiempo que me tomo en fotografiarlas, las adopto, veo cómo se van transformando, algunas cosas permanecen meses conmigo. Me encantan los procesos de descomposición.

Conocer el trabajo de artistas como Jan Hendrix y Zadok Ben-David también ha sido crucial, puesto que a partir de ellos empecé a comprender que el trabajo que se relaciona y estudia a la naturaleza en las artes atañe cuestiones de la percepción y de su vínculo con el humano que no son solamente asuntos formales y estéticos, creo que siempre parten de cierta obsesión por la belleza, pero despliegan siempre reflejos de la creación constante del mundo que nos rodea y nuestro vínculo con ello es muy complejo. También paso de vez en cuando algún tiempo con las pinturas de Georgia O´keeffe, me llama su forma de traducir el paisaje y la naturaleza.
Me encantaría algún día, en un salto cuántico, hacer fotografía como la de Cynthia Araf, David Burdeny y Jon Wyatt.

En tu proyecto destacas la belleza de lo pequeño y cotidiano a través de formas y colores. ¿Qué más nos puedes contar acerca de esta idea y cómo surgió la iniciativa de realizar este trabajo?

La naturaleza nos da un indicio de que existen leyes aparte de las que el humano se inventa en su cabeza, ha sido la pauta para que el hombre explore esas leyes y alinee esa búsqueda con lo que pueda estar más cercano a la verdad. Luego en un acto discutible y controversial a partir de cierto momento en la historia empieza a empujar a la naturaleza a umbrales muy extraños y a sustituirla por sus propias estructuras que continuan construyendo atmósferas en mi opinión altamente detrimentales, sin acabar de reconocer que alejar a la naturaleza no tiene sentido, puesto que implica alejar el referente de una verdad primigenia. Desaparecerla por completo es además imposible, puesto que de ella nos alimentamos y tomamos directamente el sustento de nuestras vidas.

En lo pequeño y en lo cotidiano se encuentran los remanentes de esas leyes naturales para mí, remanentes mentalmente reconocibles, porque en realidad están ahí en toda su gloria. Una fruta es tan majestuosa como una cascada en una jungla recóndita. La belleza de los espacios pequeños es igual a la de los paisajes donde la naturaleza vive aún libre y a sus anchas. Yo encuentro una manera de vincularme a través de lo cotidiano y lo pequeño con lo inmenso e inmaculado y me cura la añoranza eterna de encontrarme en medio de la naturaleza, con todo lo que eso significa, lejos de los mundos urbanos.
A mí me parece que ni el ser humano, ni sus más grandes logros y creaciones significan nada si están sustraídos de la naturaleza.

La verdad el trabajo empezó y se fue realizando “sólo”, sin un marco teórico, a partir de que el lente macro llegó a mis manos. En algún momento me di cuenta que se había formado ya un archivo importante y que al quedar atrapada por un objeto, pasaba una gran cantidad de tiempo explorándolo y fotografiándolo. Fue entonces que empecé a entender de dónde ha surgido como impulso interno, y aún estoy descubriéndolo.

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

Sí. A mí me gustaría llevar este cuerpo de imágenes a estructuras tridimensionales, jugar con la escala todo el camino de ida y de vuelta. Como para mí son espacios, me gustaría construir estructuras que reproduzcan el elemento de cavidad que se encuentra en muchas de las fotografías. Además estoy trabajando con cerámica y escultura en un proyecto que se alinea con el sentido del espacio que trabajo en la fotografía, con el cambio de escala de elementos que constituyen la posibilidad de ser habitados para construir espacios que generen la posibilidad de la que hablo al principio, la de colocar el espacio mental en un lugar que permita la percepción del mundo interior sobre los contenidos racionales que normalmente transitan nuestra mente y nuestra consciencia. Además estoy maquetando un foto libro.

© María José Glender. Todos los derechos reservados.