MATEO H.
ACOSTA




Paisaje - Desprendimiento -
Construcción

¿Cómo fue tu acercamiento a la fotografía?

De pequeño llevaba la cámara conmigo a fiestas de familiares y amigos. Solía hacer muchos retratos robados. Cuando comencé el grado en psicología me interesó aún más la fotografía y empacaba la cámara cada vez que tenía la oportunidad de irme de viaje. Mientras cursaba el primer año me dieron una beca para venir a estudiar fotografía en Madrid y ha sido aquí que realmente he podido acercarme a la fotografía.




¿Cómo describirías tu trabajo artístico? ¿Qué importancia tiene el paisaje o la naturaleza en tu obra?

En mi práctica, hacer una fotografía implica una serie de esfuerzos físico-fotográficos. La montaña hay que subirla con una mochila que lleve lo necesario para pasar una o dos noches dentro del paisaje, y con el equipo fotográfico: un trípode que sostiene una cámara de 6x7, tres objetivos (50, 90 y 240 mm), disparador, fotómetro, un flash de mano y carretes. El espacio restante lo ocupa la piedra que escojo retirar del paisaje.
Después de bajar la montaña -reemplazo el peso de comida y agua por el del fragmento extraído- falta llegar al bus que nos devuelve a Madrid. Una vez allí solo queda acomodar el espacio que me servirá de estudio para fotografiar las disposiciones, revelar, escanear y editar los negativos.
Hacer el esfuerzo no garantiza nada; la foto puede salir mal a pesar de cumplir con el rito. Sin embargo, en mi tiene un efecto del que cada vez soy más consciente. Me obliga a detenerme. A aprehender el paisaje. Pensar el paisaje. Percibir y sentir el entorno de esta manera, con este rito, además de generar placer, me permite elaborar juicios estéticos. Procuro que el trabajo dentro del estudio tenga la misma intensidad.
Al hablar de un recorrido por la naturaleza, y de uno por un paisaje, no puedo evitar imaginarme dos experiencias diferentes. Por naturaleza entiendo un espacio natural cuyo desarrollo no tiene mediaciones humanas. Cada vez hay menos de estos espacios. Por otro lado están los paisajes: construcciones mentales (colectivas o individuales) que pretenden delimitar un espacio físico natural. En el 2013, 30.0000 hectáreas de la Sierra de Guadarrama fueron declaradas Parque Nacional. En 2019 comencé a fotografiar La Pedriza. Ambos eventos son un intento de apropiación (mental, y a veces física) de la realidad geográfica.

¿Y tus referencias más directas? ¿Qué fotógrafos o artistas influyen en tu proceso creativo?

Es imposible no pensar en fotógrafos clásicos como Watkins, Henry Jackson, Weston o Adams. La pulsión por ponerlo todo al centro viene de mi enorme admiración por Ursula Schulz-Dornburg, igual que por el matrimonio Becher antes que ella (junto con algunos de los fotógrafos de la New Topographics ).
Intento exponerme constantemente a fotografías fuera del género de paisaje. Por una cuestión de superficie, la fotografía de retrato (desde Sander, Avedon, Friedlander a fotógrafos de moda contemporáneos) ha sido una enorme fuente de aprendizaje.
Como curso natural de mi práctica, cada vez siento más interés por aquellas acciones que pretendan estudiar y potenciar las relaciones entre arte y naturaleza. El Centro de Arte y Naturaleza (CDAN), en Huesca, constantemente promueve esta discusión, generando un espacio en el que artistas como Richard Long, y catedráticos como Javier Maderuelo y Augustin Berque, tienen la oportunidad de pensar el paisaje.
El cine, en especial durante esta temporada de cuarentena, ha ido calando en mí como una sucesión de imágenes fijas que se acumulaban en mi inconsciente. En la postproducción de mis imágenes es bonito encontrar similitudes entre la escala de grises con la que trabajo, y recuerdos mezclados de fragmentos fijos de una película de Oliver Laxe, Bergman, Bresson, Fellini o tantos más.

En tu proyecto La Pedriza, reflexionas acerca de la memoria del paisaje a través de un fragmento o ruptura extraído del espacio natural. ¿Qué más nos puedes contar acerca de esta idea y cómo surgió la iniciativa de realizar este trabajo?

La pregunta es interesante porque me hace pensar que extraer fragmentos es lo que he estado haciendo desde un principio. Físicamente lo hago cuando el fragmento me lo permite; algunos desprendimientos rocosos son tan grandes que mi única opción es fotografiarlos. Pero también extraigo fragmentos al encuadrar, por ejemplo, una imagen horizontal utilizando dos imágenes verticales. O al fotografiar una disposición en un estudio. Son ejercicios en los que evidencio el artificio, la ficción fotográfica, y una realidad geográfica que encuentro. La idea de desprendimiento me parece muy interesante porque siempre remite a un conjunto mayor, pero no excluye la posibilidad de nuevas líneas de fuga, nuevas rupturas. Describiendo el sistema de Rizoma, Deleuze se refiere a estas rupturas como asignificantes.

Llevo un par de años conociendo parte de la geografía española. He tenido la oportunidad de estar en algunas montañas muy impresionantes. El Circo de Gredos fue el primer paisaje al que llevé la cámara de medio formato. Tenía muy presentes las fotos de A. Adams. Fue un ejercicio interesante que me exigió ser muy consciente de dónde estaba, respecto a medidas de precaución que han de tomarse en la alta montaña, mientras pensaba cómo podía gestionar el equipo fotográfico dentro de este espacio, rodeado de un componente tan abstracto como las formaciones rocosas de un circo glaciar.
A la distancia y altura justa, las montañas me cabían en el encuadre.

Viajar fotografiando montañas como lo hacía Adams es ahora más que nunca (como tantas, esta frase adquiere otro significado si tenemos en cuenta la crisis sanitaria actual) un sueño imposible. Un maestro me recomendó buscar el mínimo motivo y pensé hacerlo en La Pedriza, un gran batolito granítico situado en la vertiente sur de la Sierra de Guadarrama.

En mis primeras salidas de campo, y partiendo de un punto de vista tradicional, escogí fotografiar desde la distancia. Aquí los conceptos de paisaje y territorio parecían encontrarse. Luego sucede el primer desprendimiento, que en mi realzó el paisaje al desmontar su continuidad visual: enormes fragmentos de montaña caen en pendiente y son redistribuidos en el bosque que se construye alrededor de ellos. Me acerco y los fotografío de frente. Comienzo un archivo de desprendimientos, de líneas de fuga, de rupturas asignificantes. De todos, me llama la atención El Tolmo. En el refugio que está cerca, un técnico de ascensores nos contó que este era uno de los desprendimientos rocosos más grandes de Europa. Fotografío todas sus caras.

Estos desprendimientos, más allá de tenerme con el trípode en frente, son completamente ajenos a mi, yo no tengo ningún efecto sobre ellos. Por eso escojo desprender del entorno natural una serie de fragmentos más pequeños (el Rizoma se entiende sustrayendo, siempre n-1), que sean representativos del conjunto pero que tengan una vida propia. Que incluso puedan resignificarse como conjunto total. La fotografía me permite hacer ficción de estas rocas, de estas disposiciones verticales dentro de un estudio en blanco.

Respecto a estas memorias que extraigo, ha sido interesante afirmar una realidad geológica, a través de una ficción fotográfica. La piedra se aprecia en detalle, y a la vez se ve mucho más grande (o pequeña, dependiendo de quién observe) de lo que realmente es.

El concepto de memoria me parece muy interesante si lo entendemos fuera de una temporalidad lineal, binaria, en la que lo uno sigue a lo otro. Me parece más sugestivo la memoria como una cuestión espacial, cíclica. Así la roca parece siempre estar desprendiéndose y sedimentando el paso a una nueva montaña, de la que también se desprenderán nuevas rupturas.

Para terminar, ¿tienes algún proyecto ahora en mente?

He estado haciendo fotos en museos y retratos a actores (mujeres y hombres). Por razones distintas, son excusas que me pongo para acercarme a la fotografía. Ha sido bonito trabajar de la mano de gente joven y dispuesta a ser vulnerable frente a la cámara. Agradezco y procuro compartir esa honestidad.

En este momento lo que más me interesa es continuar con el proyecto Paisaje - Desprendimiento - Construcción . Ahora quiero introducir una fuente de luz artificial dentro del espacio natural. También estoy pensando qué voy a hacer con el archivo físico de piedras que cada vez ocupa más de mi espacio habitable. Me llama mucho la atención lo performativo que siento el esfuerzo del que venimos hablando (físico y fotográfico). Creo que tendré que devolver las piedras a la montaña. Hace poco pensé que incluso podría haber una sanción administrativa (una multa de algún tipo) por retirarlas de un espacio protegido. Parece algo como talar árboles. En resumen, tengo curiosidad y la intención de tomarme el tiempo necesario.

© Mateo Henríquez Acosta. Todos los derechos reservados.